-La cabra siempre tira al monte-
Fue quizás una revolera del fuerte viento que azotaba quien me hizo girar en redondo, observando el angosto estrecho por el que el rio se interna y las altas cotas de rocas pizarrosas que lo jalonan. Empujado por el viento tome camino de las montañas rio abajo.
La senda flanquea bosquetes de diversas especies, Hayas, Robles, Acebos, algunos de tal belleza que hacen obligado el parar a contemplarlos y disfrutar de su majestuosidad.
Atravieso colinas para terminar en sus cotas y más allá, donde tornan colinas en montañas.
Tras ascender la montaña más elevada solo queda bajar por inclinada pendiente para llegar a un tramo de rio maravilloso.
El rio, encañonado entre altos paredones de pizarra discurre bronco y bravo formando chorros y corrientes. En ellas habitan bravas truchas Fario, de tal dureza que si no fuera así sería imposible vivir en aquellos parajes.
La jornada de pesca torna en aventura, han sido más de dos horas pateando duro monte hasta llegar al rio, una vez allí la cosa no mejora. Transitar por el rio de fondos y orillas en lisas pizarras es peligroso, las botas no agarran, a menudo suceden resbalones y el riesgo de una caída desafortunada es continuo.
Un fuerte viento de cara dificulta muchísimo el lance y posar la mosca en condiciones aceptables se vuelve sumamente difícil. No queda sino insistir una y otra vez en posar la mosca en las “posturas” que el rio te va mostrando.
Muchos, son muchos los lances inadecuados, las malas posadas y los alarmantes dragados. Pese a todo en alguna ocasión el esfuerzo se ve premiado con una posada aceptable en el lugar escogido y tras ello, el estrepito del brutal ataque de la pintona a nuestra mosca, el clavar, el tensar, el luchar contra nuestra oponente para al fin conseguir hacerla llegar a la sacadora, contemplar la belleza de tan bravo pez, fotografiar y devolver de nuevo a las aguas.
Siento cansancio y agotamiento, la dureza del entorno, la climatología con el fuerte viento y la tensión psíquica de procurar ejecutar la acción de pesca correctamente se aúnan y producen una sensación de falta de fuerzas. Es cuestión de tomárselo con calma. De serenar el latir del corazón y calmar la cabeza. Para ello nada mejor que contemplar la naturaleza.
Observar como lloran las pizarras
Como desde las cumbres por doquier las gotas se deslizan por las rocas
Y todas esas lagrimas se van aunando para terminar desaguando en el rio en preciosas cascadas
Ya sereno vuelvo a la pesca. Vuelvo a tratar de colocar la mosca en zonas del rio querenciosas donde las truchas la van atacando con fiereza y donde tras clavarlas deparan una espectacular lucha.
Se hace tarde. Tengo que salir de los cañones con luz, sino la cosa podría volverse muy peligrosa. Me dejo mucho tramo de rio sin pescar, otros se muestran tan atrayentes que me es imposible en no pararme en ellos y ejecutar con templanza la acción de pesca. En muchas ocasiones el buen hacer es premiado con la captura de bravas pintonas que colman la chistera de sensaciones hasta hacerla rebosar
Al fin el rio deja de estar encañonado, al menos parcialmente, las laderas se suavizan. Pese a ello transitar por un rio de lecho pizarroso sigue siendo dificultoso, mas aun tras varias horas de trote agotador, son estos momentos cuando más cuidado hay que tener, pues la mezcla de descuido y cansancio puede provocar una situación peligrosa
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Es tarde, decido rematar el día con unos últimos lances en un tramo de rio que se me antoja maravilloso
Una pequeña tabla con corriente donde voy posando la mosca en las zonas querenciosas... y donde las truchas van premiando el buen hacer con francas cebadas a la mosca
Que dan como resultado el mejor colofón a una jornada de pesca y, que recordare vivamente por su dureza, por el marco incomparable donde se realizo, por la abundante captura de unas preciosas truchas autóctonas y por haber llegado casi al límite de mis fuerzas
Me digo que no estoy en condiciones de realizar semejantes locuras, que tengo que aceptar mi estado físico y pescar en zonas cómodas. Que ya no soy un chaval para hacer el “jabalí” por la fraga. Que no volveré a pescar por la zona donde hoy he pescado.
Una revolera de viento hace volverme, contemplo la dura montaña por la que he trochado... El viento a ráfagas me trae un cantar, melodías atrayentes. Son las Xanas que escondidas en inhóspitas pozas me lanzan hechizos que calan en lo más profundo de mi ser y que provocan la necesidad de acudir allí donde moran... donde las pizarras lloran.
LasmoscasdePaco.