De Ríos y de Truchas. Y de Pesca a Mosca. Y de amigos mosqueros.

Aquí se plasmarán todas esas ideas, sensaciones y vivencias de un pescador a mosca y de su grupo de compañeros.

Su finalidad es tratar de inculcar que la pesca a mosca puede llegar a ser una forma de vida.

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Competición NO..... Gracias.

miércoles, 21 de agosto de 2013

UN GLORIOSO PESCADOR…

Agosto es un mes en general malo para la pesca, al menos en la zona centro de la ibérica.
Mucho calor, muchas horas de luminosidad intensa y unas lunas esplendorosas no propician jornadas abundantes en capturas.
Debido a ello y aprovechando fechas próximas para mi onomástica, os ofrezco un relato ameno real y humorístico.
Luis Antúnez me envía desde la Trapananda un escrito que a buen seguro nos hará pasar un rato divertido.

LasmoscasdePaco.



Un Glorioso Pescador.


En esta tarde invernal de agosto, aislado por la nieve y la ventisca, me vienen a la memoria muchos de los pescadores con los cuales tuve el privilegio, ¡o el suplicio! de pescar o de acompañar. 

Entre los pescadores recordados los podremos encontrar de todo tipo, desde el zoquete empedernido, incapaz de lanzar a más de medio metro, o el docto lanzador que sólo sacaba peces cuando no tenía delante otros colegas, pasando por el “perfecto deportista”, fea palabra si se trata del Arte, que se ponía a temblar cuando estaba enfrentado a una humilde trucha con la lógica consecuencia de arruinar todo. 

Hoy deseo rememorar a una “autoridad” de la cual callo el nombre porque ya está muerta y no me gusta sacar trapos sucios en tales casos.

Ministro de la Dictadura, por cierto nada ejemplar en su vida política, era famoso por su despotismo y por su vanagloria de gran pescador; diríase que en vez de pescador con mosca pecaba con todo. Bueno, dejemos esos matices para centrarnos en su áurea de divo divino (perdón por la buscada redundancia…)

Por motivo que no viene al caso, nada agradable para mí como es sencillo adivinar, me rogó mi amigo Carlos Mondéjar que le sustituyese como guía de pesca de este Señor. Así que me vi en el compromiso de llevarlo por el entonces incipiente coto del Puente de Villarente.





Mas antes quiero recordar a Mondéjar, ese gran biólogo que realizó el milagro de convertir en aguas trucheras los ríos del Páramo leonés. 

Sin medios económicos, con la sola ayuda de los magníficos guardas que Él formó y los autos de la de media docena de pescadores con mosca entre los que me encontraba, consiguió fundar lo que en su tiempo fueron los “mejores acotados trucheros del mundo” (según opinión de afamados pescadores foráneos que los visitaron) Hoy ya no se parecen en nado a los de esa época, ¿verdad? Sigo.

Para empezar diré que tal ilustre Pescador parecía no saber lanzar con cola de rata si bien me aseguró que tenía el equipo en el auto, así que escudándose de tener un día ventoso (se movían tímidamente algunas hojas de chopos…) decidió tomar la cucharilla. De nada sirvieron mis sugerencias para que no abandonara la mosca dado que corría el mes de julio, época reina de nuestro Arte. Tampoco quiso ver la nube de machos de efímeras que ya volaban por las márgenes del Río desde bien temprano.

Muy dandi Él, con su pantalón bombacho estilo gentleman inglés, su foulard azul (¡faltaría más!) y su inefable gorra escocesa rematada con una borla voluminosa, ¡también azul! se aprestó a chapotear por las orillas que le ofrecían razonable apoyo a sus vacilantes pasos de ministro barrigudo.

En cambio sí preguntó por el color apropiado de la cucharilla que debería atar.

-Ponga una de color rojo- le sugerí sonriente. 

¡No tenía ninguna de ese color en sus cajas! Así que sin más consultas y refunfuñando entre dientes no sé qué comentarios, ató una dorada y azul de tamaño natural.

-Mire, Ministro, hay una trucha tomando en esa postura, tras las sargas de enfrente…- le señalé de mala gana.

-¡Ya la he visto! ¡No soy ciego…!-me espetó con su proverbial sequedad.

Realmente no había visto nada; hasta empecé a dudar que supiese lo que es una “tomada”, pero preferí callar y disfrutar maliciosamente con los numerosos peces que se apartaban con todo respeto ante el ruidoso paso de su cucharón, porque aquello era algo mucho más grande que esos cucharones que se usan en los cuarteles para sacar la sopa, eso sí: de color azul y oro…

Trascurría la jornada sin más capturas que unas pequeñas truchitas, pienso que casualmente engrampinadas por semejante artilugio empleado, el cual iba limpiando todo obstáculo encontrado en su fluvial deambular. 

Mi desesperación iba en aumento porque en aumento iba también la ceba de la mañana. 

¡Y qué tamaño de peces se veían por todos los rincones!

 No en vano eran los años gloriosos de ese coto. 

Por el debido respeto hacia mi amigo Carlos, y en vez de mandarlo con todo respeto a tomar por la retaguardia, me “arriesgué” a señalarle una mosca de las que volaban por si con eso se iluminaba su cerrada mollera:

-Mire, Ministro, esta es la mosca que vuela en estos momentos. ¡Y vaya cebada que estamos viviendo! ¿verdad?

-¡Oiga! Déjeme de pamplinas: sabré YO lo que hay que emplear…

Me mordí la lengua para no soltarle algo parecido a lo que le dijo el Guarda Mayor a su Caudillo en un día en el cual los salmones tomaban muy profundos en el coto asturiano de Las Mestas:

-Mi General: le vengo diciendo muchas veces ya que los salmones están abajo y Usted está empeñado en pescarlos arriba. Así que ¡ahí se queda! Me voy con la Señora Carmen…

Y se marchó dejando plantado al Dictador; puedo asegurar que no fue ajusticiado… Es más, cuentan las malas lenguas que Franco se echó a reír ante el atrevimiento del ya famoso Guarda Mayor cuyo nombre he olvidado.

No tuve yo la misma suerte con el Ministro y debí permanecer callado so riesgo de recibir una severa amonestación. Mas algún ser angelical acudió en mi ayuda: junto a unos ranúnculos de la orilla opuesta asomaba el lomo en sus tomadas una señora trucha del entorno a los tres kilos. 

¡Y en esta ocasión sí la vio perfectamente!


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Este mosquero No se pone nervioso…


Aquella visión le produjo un golpe de adrenalina brutal, haciendo que perdiera toda prudencia. 

Sin medir los riesgos del lance, ciego de entusiasmo ante la visión de tal animalito (por supuesto sin darme las gracias por habérsela mostrado) el señor Ministro lanzó sobre las algas de la zona. 

Pese a tratarse de un “glorioso” cucharón azul, la maestría del Ministro no logró otra cosa que posarla con un “leve” error de unos ¡diez metros! al lugar propicio. 

Pero no se arredró el Divino “Pecador”: avanzó unos pasos río adentro, apoyándose como si fuere un leve pajarito sobre unas vacilantes raíces sumergidas poniendo en riesgo su integridad física.

-Tenga cuidado, Ministro, que está confiando en demasía de esas ramitas: hay mucha profundidad y el remojón no sería pequeño.

-¡Sabré YO lo que puedo y no puedo hacer!

Y el caso es que el Dios que llevaba reluciente en su cuello debió de dormirse y no le protegió como era de esperar. En un descuido mío, (palabra que no fue intencionado) un estruendoso chapoteo me anunció que el iracundo Ministro se estaba bañando de pies a cabeza. Durante bastantes segundos desapareció de mi vista, circundado de un millón de burbujitas de aire: sí era profundo el lugar.

No tardaron ni medio minuto en aparecer guardias civiles y guardaespaldas por todas partes. Yo, incapaz de retener la risa al ver la gorrita escocesa flotando plácidamente sobre las aguas río abajo, ataque de risa que fue creciendo al contemplar la emergencia del Ministro todo mojadito, con sus bombachos ingleses soltando el lastre de agua acumulada. Tal visión rememoró en mí a esos perros lanudos que cuando salen del agua se quedan en nada. Aun así me decidí a darle una mano caballerosamente:

-¡Déjeme, rojo, que es seguro que usted un rojo! ¡No hay más que ver tanta risita! Sé muy bien salir sólo del agua…- me gritó enfurecido.

Y no salió sólo porque un cabo de la Guardia Civil, tan redondo como Él, se lanzó con decisión patriótica a salvarlo. El resultado fue que debimos sacar a dos…

Sus acompañantes oficiales sacaron de inmediato toalla, camisa, pantalón, calzoncillos, en fin, un completo y lujoso vestuario para que su señor se cambiase allí mismo de ropajes. 

Por la prontitud del auxilio intuí que eso era algo bastante normal en el corretear ministerial por los ríos ibéricos, perdón, de la España.

No pude resistir la tentación de mirar de reojo la operación “cambio”; ver a toda una autoridad en porretas no era nada frecuente para mí, aunque sí parecía habitual para los servidores acompañantes dada la rápida eclosión de enseres oportunos: polvos de talco, colonia, peine… 

No, no creáis que mi maliciosa satisfacción estaba causada sólo por el anunciado baño, ¡que también!; se trataba del placer de asistir a una gran lección dada por el dios del Río a un ferretero, prepotente y fatuo, que pescaba sin saborear la esencia de la pesca: ¡pobrecillo!

La jornada no habría de acabar ahí, aunque parece que desde esos momentos trágicos me vi bastante relegado en mis funciones de altruista guía de pesca. 

Naturalmente que el Ministro continuó con su cucharón “antidisturbios”, ¡sabría Él con lo que tenía que pescar…! Y el dios del Río volvió a gastarle otra broma, bastante más pesada en esta ocasión y que habría de poner punto final a tan gloriosa jornada de pesca. Así sucedió.

En uno de los alocados lances que realizaba, el azul cucharón decidió agarrarse a un verde árbol de la orilla opuesta. Tirones y más tirones; palabrotas y más palabrotas, pero de ninguna manera el spinning soltaba el arbusto. Y en uno de esos brutales tirones dados con la ayuda de su cañón (parecía una caña de pescar marlines) quebró el grueso arbolito:

-¡Cuidado, Ministro!- le dije- Es mejor romper porque si suelta sería un peligroso proyectil.

-¡Otra vez Usted! ¡Déjeme que sé muy bien lo que hay que hacer!

No, no lo sabía: el árbol, ya tumbado, decidió soltar de golpe su presa y, naturalmente, el cucharón se disparó como una bala nuclear directa a su ojito, ¡por supuesto el izquierdo! El impacto fue terrible, hasta el punto que temí por un momento que el Ministro iría directo al suelo, pero no, resistió tambaleante con el artefacto colgando del párpado. 

Nueva eclosión de guardias civiles y guardaespaldas, esta vez asustados seriamente por la situación; todos gritaban enloquecidos y daban continuas opiniones sobre la mejor manera de proceder. Yo, todo solícito y conocedor de la manera de sacar anzuelos del cuerpo de compañeros, me ofrecí a solucionar el caso:

-¿Es Usted médico?-me gritó con un ojo enrojecido por la ira (el otro lo tenía cerradito…)

-No, no señor, pero he quitado muchos anzuelos en mi vida.

-¡Apártese de ahí!- gruñó como un perro rabioso, al tiempo que sujetaba el cucharón para que no le rozase el cristalino. 

Se le había clavado, para su suerte, en el párpado sin tocar parte alguna delicada.


Epílogo: 

Lo trasladaron casi en volandas al hospital de León donde ningún médico se arriesgó a tocarlo. 

Así, con su cucharoncito azul colgando, el Ministro fue trasladado a Madrid en un helicóptero oficial.

No perdió el ojo, pero sí una maravillosa ceba del mes de julio. 

Lo que nunca supo tan docto pescatero es que yo le habría sacado el anzuelo en unos breves minutos.

Descanse en paz.


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                                  Bambú.

10 comentarios:

  1. Paco Pepe Vázquez Cea21 de agosto de 2013, 22:05

    Querido maestro,
    no por conocidas estas "hazañas", ya me lo habías contado, son menos hilarantes.
    Contábame un guarda, gran persona, que le tocó hacer de cicerone de tal personaje una ocasión que fue a su coto, y que al ver un chopo en la ribera inclinado hacia el río, quiso pasar por debajo. El guarda le dijo, don M....... no intente pasar por ahí que el árbol cederá, a lo cual don M...... le mandó a hacer gárgaras, y efectivamente al agarrarse al árbol este cedió y don M... fue al río. Lo que no recuerdo es di me dijo el guarda si se rió o no.
    Saludos Luis.

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  2. Buenas noches Paco,me has hecho pasar un buen rato, como dice el dicho " donde las dan las toman",muchas gracias por compartirlo.
    un saludo de santi

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  3. Enviado por Javier Martín para publicar como comentario suyo.....

    Muy bueno !!!! Realmente, habría que becar a alguien para que se estuviese un año en la Trapananda tomando testimonios y elaborando la biografía del Gallero ¡!!!



    Te he intentado enviar al blog esto otro de mi cosecha que guarda cierta relación, pero por mi falta de pericia con los medios tecnológicos no estoy seguro de haberlo hecho de la forma correcta:









    Similares maneras me fueron referidas en pasados y mejores tiempos por mi querido "M", entonces guarda del coto de Tejadillos, al que no tuve más remedio que encomendar la arriesgada tarea de acompañar a este mismo personaje en otra inolvidable jornada de pesca, si bien esta vez siendo él ya presidente de la comunidad donde se localiza el Fin del Mundo.



    La diferencia en esta ocasión, según el relato de mi excepcional testigo, fue que no hubo inmersiones, pero sí abundantes y sonoras ventosidades, como coro de los improperios que continuamente le dirigía por no saber acertarle con el color de la dichosa cucharilla...



    Afortunadamente para mí entonces (hoy ya me da lo mismo), nadie más pudo dar testimonio del acontecimiento, quitando a "M", a los guardaespaldas de rigor, y al parecer también a un plantígrado recién salido de la cueva donde hibernaba que se mantuvo largo tiempo sentado observando con curiosidad las evoluciones de su semejante ....... : habiéndosele antojado pescar el coto que recordaba de su época de ministro, sin caer en la cuenta de sortear o de al menos esperar a que se hubiese iniciado la temporada ... , las altas instancias provinciales decidieron trasladarle y confinarle, sin que él lo supiera, al conocido cercado existente en el mismo río pero un poco más arriba .... , donde el hombre pudo satisfacer tranquila, y sobre todo discretamente, su afición.



    Como balance de la jornada, la población truchera salió completamente indemne, si bien la huella de su paso, denotada por los tobizos demolidos y las sargas podadas por los continuos enganchones, todavía fue visible algunos meses más.



    Tras la ilustre e inesperada visita, el plantígrado se internó de nuevo en su caverna para seguir durmiendo y olvidó por completo el acontecimiento, de manera que no fue preciso prestarle ningún tipo de atención psicológica. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de mi querido "M", que no llegó a recuperarse de la impresión del encuentro durante el resto de su vida profesional !!!!!



    Un abrazo



    JavierM

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    1. Genial tu relato, Javi, casi tanto como las ¿croquetas? envueltas en papel albal,jajá. Abrazos.

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  4. Muy humilde el Sr., Ministro... Si Señor.

    "antes muerto que sensillo" "antes muerto que sensillo" (con musiquilla y el ritmo adecuado).

    Si se descuida lo consigue..... Lo de muerto.

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  5. Paco Pepe Vázquez Cea22 de agosto de 2013, 20:07

    Estimado Javier en el espinoso tema del becario durante un año en la Trapananda, me considero la persona idónea.

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    1. ¡Y parecía tontito! jajajá.

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  6. Una pregunta la ultima foto es del Tajo?, me suena por los pinos, pero lo veo corto de agua.

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  7. Hola José Andrés. No es el Tajo.... bueno sí, es el Tajillo, o sea el Tajo aguas arriba de unirse con el Hoz Seca

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