De Ríos y de Truchas. Y de Pesca a Mosca. Y de amigos mosqueros.

Aquí se plasmarán todas esas ideas, sensaciones y vivencias de un pescador a mosca y de su grupo de compañeros.

Su finalidad es tratar de inculcar que la pesca a mosca puede llegar a ser una forma de vida.

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Competición NO..... Gracias.

jueves, 9 de septiembre de 2010

MONTAJE “MTP”

Hace ya unos años tuve el gran placer de tener contacto con Manel Torrecillas, más conocido en el ambiente mosquero por “Magallanes”.
Manel es un pescador español que reside en USA y con el que mantengo contactos y cruzamos información periódicamente.
Años a Manel coloco en una “Galería de Montajes” de una revista electrónica especializada en pesca a mosca un tipo de montaje poco visto por estas latitudes, al menos poco visto por la mayoría de los pescadores a mosca, él lo denominaba montaje “mtp”.
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Lo cierto es que cuanto menos me pareció extraño el montaje y tras cruzar correos y conversaciones me decidí a montar media docena de moscas de este tipo que según él eran muy utilizadas y pescadoras por aquellos lares.
Pues siempre estuvieron aparcados en una de mis cajas de moscas. Resultó que el otro día pescando truchas muy selectivas en el Duero, harto de presentarlas mis más delicados montajes ate al bajo por primera vez esta mosca con la que conseguí un par de capturas, cosa que no había conseguido anteriormente con otros montajes mas “tradicionales”.
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Os presento el montaje “MTP”.
Materiales.-
Anzuelo GRIP 14723 BL numero 20
Hilo de montaje color marrón oscuro
Dubbing de antrón color anaranjado
Quill de Pavo Real
Foam color amarillo (también naranja)
Pluma de pecho de pato teñido en amarillo
Pluma de cuello genético color Brown
Montaje.-
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Afianzamos el hilo de montaje sobre el anzuelo
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Colocamos unas fibras de dubbing de antrón anaranjado a modo de exuvia
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Sujetamos un Quill de Pavo Real
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Realizamos un pequeño cuerpo con el hilo de montaje y lo cubrimos con el Quill de Pavo Real (truco antes de enrollar el quill poner una gotita de pegamento sobre el cuerpo)
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Por la parte inferior del anzuelo sujetamos una tira de foam (vale amarillo o naranja)
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Sobre la zona media de la parte de obra que nos queda en el anzuelo sujetamos unas fibras de pluma de pecho de pato teñido en amarillo
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En el mismo punto afianzamos una pluma de cuello de gallo genético Brown
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Realizamos un hackle dando dos vueltas por detrás de la pluma de pato y otras dos vueltas por delante.
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Hacemos un poquito de “peluquería” y recortamos el hackle dejando tan solo las fibras que miran hacia arriba
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Pasamos hacia delante la tira de foam realizando con ella un bajo-tórax
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Rematamos con un nudo final y barnizado de la cabeza
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Vista inferior del montaje, algo parecido a como lo vería un pez
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Mosca finalizada.
Animaos a realizar este montaje y a probarlo en acción de pesca, a mi me dio un buen resultado tal y como muestra esta fotografía.
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LasmoscasdePaco.

domingo, 5 de septiembre de 2010

RIO DUERO Y SUS TRUCHAS SELECTIVAS…

Tiempo ha que no pescaba esta zona. Tierra de Pinares que la dicen.
Hace años solía pasar un par de semanas en el camping de Abejar, bajo las sombras de los frondosos pinos que bordean el pantano de la Cuerda del Pozo y pescaba tanto el propio pantano como el rio Revinuesa, el Duero allá por Molinos, incluso pescaba el coto de Covaleda.
Obligado por apetencias familiares troque el camping por hoteles y espacie las visitas a esta zona que tanto me agrada.
Quizás por dichos recuerdos, cuando Alfredo me ofreció la posibilidad de pasar juntos una jornada de pesca en estas bravas tierras le respondí que si de inmediato.
-Ojo, Paco. Que baja mucha agua y que aquí las truchas están muy picardeadas.-
-No importa, Alfredo. Para allá vamos.-
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Dicho y hecho, echando en saco roto sus prevenciones y añadiendo que estábamos en plena fase de luna llena, un viernes nos presentamos en el rio Duero en busca de sus famosas truchas “selectivas”.
En el pueblo saludamos a Alfredo, hicimos acopio de un riquísimo pan y nos homenajeamos con un almuerzo a base de tajadas de bacalao frito y tortilla de patatas, ambos recién sacados de la lumbre.
Una vez en el rio, pudimos comprobar que las advertencias de Alfredo eran ciertas. El rio Duero, ancho por aquellos lares, bajaba alto y fuerte. Las tablas, vadeables conociendo los “pasos” (gracias, Alfredo. Sin tu conocimiento del rio que poco podríamos haber pescado) y las cabeceras y zonas estrechas sencillamente imposible de vadear.
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Pasamos la mañana pescando en largas y anchas tablas, con el agua al límite de rebosar el vader lanzando a posturas querenciosas y a esporádicas cebadas que tímidamente aparecían de cuando en vez. Cambiamos una y otra vez de modelo de moscas, sacando repertorio hasta de la caja de moscas más recóndita que portábamos. Todo ello infructuosamente, ni tan siquiera una trucha quiso interesarse por nuestras moscas.
-Ayer se pusieron a cebarse de seis a ocho de la tarde.-
Nos comento un pescador con el que echamos amena charla.
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Alargamos en tertulia la comida, un tanto desanimados por los vanos resultados matutinos y por un sol de justicia que caía de plano. Charlamos con Alfredo de mil cosas, sobre todo de la pesca en la Rioja, donde reside, y de los desmanes que se cometen en los ríos, y es que en todos sitios cuecen habas.
Al iniciar la jornada vespertina ya ocurría un cambio importante. En las aguas del rio estaban eclosionando muchas, muchísimas Ignitas de alas claritas y de cuerpo verdoso claro al principio de la tarde, grisáceo después y amarronado a la caída del sol. Esta eclosión despertó el rio, se apreciaban cebadas acá y allá por toda la tabla. Felices nos las prometíamos.
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Nos metimos en el rio hasta los pechos (que expresión más taurina), doblamos la longitud del bajo y lo afinamos a un 0.10 y en su extremo anudamos una preciosa Ignita montada en un anzuelo del 20. Tras todo esto empezamos a realizar lances, y más lances, y muchísimos más lances, todos ellos con resultados infructuosos.
Las truchas estaban allí, las cebadas así lo atestiguaban, nuestra mosca posaba y navegaba dulcemente sin dragados ni cualquier otra cosa que delatara el engaño, pero las truchas despreciaban nuestras imitaciones.
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Me quede observando el rio, las cebadas, no existía cadencia en las cebas, se sucedían alocadamente, sin frecuencia, observe el rio más detenidamente.
Una Ignita natural bajaba por las aguas y ninguna trucha se cebaba a ella. Mas allá otra Ignita derivaba, empezó a temblar, a revolotear y, fue moverse y que una trucha se cebara a ella. Volví a ver lo mismo en varias ocasiones.
-Las truchas se están cebando a las moscas naturales pero solamente a las que se mueven.-
-A ver como imitas eso.-
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La tarde proseguía desesperante, acaso dos o tres cebadas de truchas que falle por estar desprevenido.
El rio seguía adornado con hermosas hondas producidas por las cebas de las truchas. Yo ya no sabía que poner para conseguir engañar a una trucha que me salvara del bolo.
Mirando mi caja de moscas me di de bruces con una montaje USA de mi amigo Magallanes, una rarísima mosca que jamás me he atrevido a mojar.
Anzuelo curvo del numero 20.
Exuvia en dubbing de antrón color naranja.
Cuerpo en quill de pavo real color natural.
Alas en punta de pluma de pecho de pato teñido en amarillo.
Tórax (solo por debajo) foam de color naranja.
-De perdidos al rio. No tengo nada que perder.-
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Ato la mosca al bajo y con la poca luz de un mortecino sol empiezo con los lances. Las truchas siguen en su continuo trasegar Ignitas en movimiento. Dos ataques a mi mosca que me pilla de improviso y no consigo clavar (acaso son rechaces en el ultimo momento). Una nueva picada y, ahora sí, ahora clavo y consigo llevar a mis manos una trucha pequeña en tamaño pero grandísima en sensación, habitante de éste rio Duero. Una fotografía que vale su peso en oro y de nuevo a las aguas.
El día se acaba, la luna esplendorosa hace acto de presencia pero no se produce sereno, si acaso todo lo contrario, las cebas se extinguen y el rio parece yermo.
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Salvo el bolo justito justito, el de capturas, mas no el de sensaciones pues de éstas llevo la chistera a rebosar.
Nos cambiamos a la luz de las linternas, charlamos de la jornada de pesca, nos despedimos de Alfredo (gran pescador y mejor persona) y nos emplazamos para una nueva jornada de pesca en éste mismo lugar cuando baje menos agua.
¡¡ Las truchas del rio Duero han vendido carísima su captura!!.
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Alfredo, caballero. Muchísimas gracias por hacer de cicerone y por haber disfrutado de tu compañía en una jornada de pesca.
LasmoscasdePaco.

jueves, 2 de septiembre de 2010

PESCANDO EN EL ALTO TAJO BAJO EL INFLUJO DE LA LUNA LLENA

Estábamos prevenidos, sabíamos que estas noches la luna veraniega lucia en todo su esplendor y, que con un sol de justicia diurno y una luna llena nocturna llevábamos todas las de perder. Más, quien deja pasar una jornada de pesca por muchos inconvenientes que haya a priori??
Ya estaba en marcha una nueva salida de pesca, Edu, Gabi, Javi, José Luis y quien emborrona estas páginas cuando recibí una misiva de David “Rexxistance” pidiendo consejo sobre el rio, mi respuesta fue ofrecerle acompañarnos en la jornada de pesca. Dicho y hecho, David acompañado de su novia acudió a la invitación.
Una parada en el puente de San Pedro, otra en el mirador de La Falaguera y acto seguido nos distribuimos por el rio en diversos tramos.
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En compañía de Edu pesque unas tablas y corrientes que me gustan mucho, muy vadeables y donde efectuando largos lances suelo ser afortunado en capturas. Ascendíamos pescando cada uno por una orilla del rio ejecutando un arco de lances de medio rio hasta nuestra orilla, posando en la lejanía una Royal que navegaba encabritada por las aguas corrientes y que en muy pocas ocasiones provocaba el ataque raudo de alguna trucha, acaso media docena de truchas atacaron la Royal de las cuales conseguí capturar tres.
Edu a mi vera seguía lanzando en su área consiguiendo apenas tres o cuatro “huís” infructuosos.
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Habíamos recorrido más de la mitad del tramo, me hallaba enfrascado en la ejecución de lances a larga distancia cuando escucho de mi compañero.
-Ahora sí, ya la tengo.-
Vuelvo la mirada a su figura y veo como la caña esta echa un arco que cabecera una y otra vez, síntoma de que la captura es tamaña.

La trucha le ha picado lejos y busca un perdedero, trata de cruzar el rio de parte a parte en un lugar despejado y no encuentra obstáculos, Edu caña en alto trata de atemperar los tirones. La trucha sigue buscando un perdedero, de repente se lanza rio abajo a toda velocidad, mas rápido de lo que Edu es capaz de recoger línea y, al llegar a la altura donde se encuentra el pescador le pasa por delante y se embosca entre las ramas sumergidas de una salguera de la orilla donde enreda el bajo con el que esta prendida.
Edu me mira inquisitivo, le respondo.
-Trata de meterte por detrás de las ramas y coger la trucha con las manos.-

Edu tira de la línea, la trucha responde con más tirones y la salguera se mueve de acá para allá. El bajo esta enredado y la trucha no sale de allí. Al final trata de hacer lo que le dije, se mete en la salguera por la parte inferior tratando de llegar a la trucha. Esta al verse acosada reincide en los tirones y, en uno de ellos es capaz de romper el bajo y escapar de allí.
Edu me vuelve a mirar.
-Se soltó… … … que hija puta.-

Ahora toda la charla se centra en la trucha y entre lance y lance ésta va creciendo de tamaño…
-Era buena.-
-Era muy buena.-
-Era grandísima.-
-Era una barra de pan.-
Y así consumimos una mañana de pesca de escasas capturas pero de grandes sensaciones.
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Nos reunimos a comer en las mesas de un área de servicio, a la sombra de los pinos donde uno tras otro van acudiendo el resto de pescadores, casi todos han obtenido pocas capturas. Llega David acompañado de Carolina, tampoco consiguió muchas capturas pero viene encantado de la belleza del lugar y del rio. La comida se torna tertulia esperando que un sol de justicia aplaque en intensidad y retomemos de nuevo la pesca.
Por la tarde cambiamos de tramo y, elegimos bien. El lugar se mostraba paraíso visto desde la pista forestal, muchas corrientes y tablas con aguas en movimientos donde poder pescar. Tuvimos que caminar un buen tramo por la pista aguas abajo hasta encontrar un lugar por donde poder acceder al agua. Una vez llegados al agua nos encontramos todo el resplandor del sol dando de plano en ella. El agua parecía talmente una lámina de papel de aluminio.
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En ese primer tramo tuvimos varias picadas, la mayoría las perdimos al clavar tarde por no ver a tiempo la picada, por mejor decir por no ver ni por asomo por donde navegaba nuestra mosca. Ascendemos por el rio y la corriente comienza en un resbalón con profundidad, invadeable y, desde el agua hasta la pista hay un paredón infranqueable, no queda otra que salir por la otra orilla que, sencillamente es una selva. Ascendemos por trochas jabalineras, monte arriba, peñascos arriba, ahora queda bajar al rio que, si duro fue el subir más arduo es el bajar. Al final conseguimos llegar al agua, sudorosos, llenos de arañazos de zarzas y espinos y con las pulsaciones a mil por hora. Las condiciones del agua invariables, preciosas corrientes pero con un refulgor que hace imposible el saber por dónde navega la mosca y, en esas condiciones se aprecian pocas picadas y las que se aprecian llegan tarde y el resultado es que no somos capaces de clavar ni una sola trucha.
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Sobre las 20.30 horas paro de luchar contra los elementos y echo una mirada a lo que nos rodea, estamos encerrados en un enclave que no tiene otra salida que el lecho del rio. Bajar imposible, tan solo nos queda subir y, prefiero hacerlo en ese mismo momento que aun hay luz pues no se cuánto hemos de subir y por donde podemos alcanzar la pista forestal.
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Rio arriba nos encontramos con una gatera empinadísima y, por encima de las copas de los altos pinos se intuye el corte de la pista forestal, hay que triscar por allí, recogemos aperos, desmontamos cañas y agarrándonos con pies, manos y a veces hasta con las orejas conseguimos no sin dificultad llegar a la pista forestal. Una vez allí un rato de reposo, unos tragos de agua y a caminar hasta donde dejamos el auto.
Es noche cerrada cuando llegamos a La Falaguera y allí a la luz de linternas y frontales nos cambiamos, refrescamos y damos por finalizada una durísima jornada de pesca.
En lo alto del cielo una gran luna anaranjada brilla esplendida. ¡¡Que bonita¡¡ y qué malo pescar bajo el influjo de la luna llena.
LasmoscasdePaco.

lunes, 30 de agosto de 2010

QUINTANALUENGOS, UN PARAISO MOSQUERO.

La segunda jornada de pesca por tierras palentinas la reservamos para volver al rio Pisuerga, coto de Quintanaluengos.

Quintanaluengos nos había dejado un muy buen sabor de boca unas fechas atrás y nos apetecía mucho repetirla y a ser posible vernos las caras con aquellas grandes truchas que nos rompían los bajos del 0.13.
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El caudal del rio era notoriamente menor que la vez pasada, al punto de que algunas tablas que otrora nos depararon muchas capturas (entre el puente del ferrocarril y la pasarela en Barcenilla) estaban muy mermadas de agua y llenas de bogas. Escogí pescar las cabeceras de las tablas, zonas de corrientes previendo que las truchas buscarían aguas oxigenadas y movidas.
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Creo que acerté por la cantidad y tamaño de las capturas. Pesque despacio, muy despacio, realizando docenas de lances a cada postura donde con muy buena frecuencia la Royal que posaba era tomada con avidez por truchas de tamaño respetable.
Ya casi al final de la mañana llegue a la “colada” que tanto me gusta pescar en este coto y que para mí es uno de los lugares idílicos para pescar a mosca de todos los que conozco.
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El lugar estaba ocupado por un par de pescadores ninferos burgaleses con los que cruce un saludo y entable charla.
Mucho le había comentado a mi compañero de pesca de este lugar y, me resistía a que no comprobara el potencial que tiene. Por dicho motivo me dispuse a lanzar mis moscas secas tras los pescadores a ninfa y, en un plis plas conseguí cuatro capturas de truchas con las que demostré a mi compañero la veracidad de mis comentarios. Deje de pescar porque entiendo que no es plato de buen gusto que alguien pescando tras de ti una zona que ya has pescado este sacando truchas, vamos que a nadie nos gusta que nos pesquen las truchas en los zancajos y, no estaba en mi ánimo molestar a los compañeros ninferos burgaleses.
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Bajamos a comer al refugio de pescadores que, estaba abierto y limpísimo, a la sombra de su porche comimos e hicimos tertulia en espera de que pasaran las horas en que más calentaba un sol de justicia.
Por la tarde pescamos por debajo del refugio de pescadores, nos bajamos hasta el medidor de aguas y pescamos aquellas zonas de corrientes y tablas.
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No escogimos demasiado bien la zona, no porque no hubiera pesca, que había truchas y muchas, sino porque durante toda la tarde tuvimos el sol de cara al punto de ser dificilísimo ver nuestra mosca posada en el agua y, en estas condiciones se pierden la mayoría de las picadas que suceden.
Tras una pesca animada de capturas y pese a los rebrillos del sol en las corrientes próximas al medidor de aguas le sucedió una larga tabla de aguas mansas que se extendía todo lo que la vista daba de sí y en ella acá y allá cebadas de truchas y bogas a las que nos aproximábamos con cautela y posábamos nuestras moscas, en especial “la Marroncita” que tan buen juego nos está dando obteniendo en muchos de los casos el premio de la captura de preciosas truchas.
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En esas estábamos cuando una enorme trucha pego un salto en el agua tal que a mi compañero y a mí nos dejo pasmados. No exagero ni un poquito si os digo que esa trucha era más larga que mi brazo. Saltó del lado del rio en que pescaba mi compañero, ya se las prometía felicísimas. Subió el bajo a un 0.14, se aproximo lentamente, disimuladamente, camaleónicamente. Realizo los mejores lances capaces de hacer una y otra vez, espero sin lanzar, repitió lances. Todo esto en vano pues la trucha en ningún momento volvió a asomar. Seguimos tabla arriba realizando lances a cebadas vistas y consiguiendo de vez en cuando algunas capturas, cada vez con menor frecuencia.
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El sol se oculto allá por las estribaciones de los Picos de Europa y una anaranjada luna apareció, pero ya el rio se había enmudecido, habían desaparecido las cebadas y habíamos dejado de conseguir capturas. No hubo el tan deseado sereno y, a la luz de los faroles frontales que portábamos fuimos ascendiendo por la tabla en busca de un lugar por donde poder salir de las aguas.
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Fueron muchas truchas, aditadas con un puñado de bogas las que conseguimos capturar, dando fe de que el coto de Quintanaluengos sigue siendo un “Paraíso Mosquero”.
Lasmoscasdepaco.

domingo, 29 de agosto de 2010

RIO CARRION, COTO DE SALDAÑA… LOCURA DE AGUA

Tras la última escapada a Tierra de Campos nos propusimos volver a mojar nuestras moscas por aquellos ríos. A tal fin reservamos un fin de semana completo para ello. La primera jornada la disfrutamos en el rio Carrión, coto de Saldaña.
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Ya estabamos prevenidos con el tema del refugio de pescadores y nos dijeron que el refugio se cerraba por la noche y no se podía pernoctar en él, pero no es que cerrara por la noche, es que durante todo el día el refugio de pescadores permaneció cerrado a cal y canto, faltaría más decir que el señor guarda ni apareció, para que.
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Nos encontramos un rio Carrión desabrido, desbocado, impetuoso. Casi imposible de vadear, desde luego no se podía acceder a la mayoría de posturas del rio y, por lo tanto muy difícil de pescar.
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Dicen, dicen, que los sábados y domingos cierran compuertas y el caudal aminora, flaco favor a nos cuando lo pescamos un viernes y, literalmente el rio bajaba por los prados y choperas.
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A tan duras condiciones añadir que no se vio eclosionar nada y menos algo que provocara alguna cebada, excepto miles de millones de mosquitos chupasangres que, primero se rebozaban en el anti mosquitos con que nos embadurnamos y después nos picaban con avidez por todas partes del cuerpo descubiertas, incluso por las cubiertas.

No es grato ni placentero el tratar de posar las moscas en su debido lugar cuando éstos chupasangres te pican al unísono orejas, ojos, labios, manos y en general todas las partes del cuerpo que no estaban protegidas por el vadeador.
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Si ya son duras dichas condiciones añadir las del agua, con una fuerza que provocaba que en la misma orilla con el agua por debajo de las rodillas notabas un fuerte empuje y vadear con el agua por las ingles era una lucha por no perder el equilibrio y verte arrastrado por las aguas.
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Con estos aditivos pasamos todo el día buscando zonas donde el agua no nos arrastrara y poder posar nuestras moscas. Uno de estos lugares fue un prado, una chopera inundada por las aguas donde estuve pescando y que me hizo recordar la canción aquella de…
-Por el mar corre la liebre, por el monte la sardina, tralara-
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Y, en dicha pradera conseguí un par de capturas de pequeñas truchas, así como en regueras de riego, tan inundado estaba aquel campo que, hubo un momento en que sencillamente no sabía el lugar donde estaba el cauce del rio.
Con esas condiciones conseguí que al menos media docena de truchas se cebaran a la Royal por la mañana y otras tantas por la tarde.
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No puedo catalogar el rio, porque sencillamente éste no reunía las condiciones para pescarlo y, así es muy difícil saber si tiene muchas o pocas posturas de pesca o muchas o pocas truchas.
Pasamos la noche alojados en un hostal de Saldaña donde entre arrascones y arrascones malamente conciliamos el sueño, al día siguiente teníamos avones por todos sitios.
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No seré yo quien vuelva a este coto a ver si tiene o no truchas o buenas posturas.
Lasmoscasdepaco.